Madrid alberga en estos días una nueva edición de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, con el objetivo perentorio de limitar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Desde su apuesta decidida por la sostenibilidad, Banco Santander es patrocinador de la COP25.


Por suerte, cada vez hay que convencer a menos personas de que el cambio climático existe. Que ha llegado para quedarse y que, aunque aún estamos a tiempo, cada vez hay menos opciones de suavizar, que no paliar por completo, sus devastadoras consecuencias. Simplemente, la lectura de una de ellas ya debería bastar para actuar de inmediato. Según el Banco Mundial, si no se adoptan medidas concretas urgentemente, los impactos del cambio climático podrían empujar a la pobreza a 100 millones de personas más en 2030, o sea, pasado mañana.

Esto debería ser suficiente para ponerse manos a la obra y alterar las políticas mundiales llevadas a cabo hasta la fecha, pero también podríamos hablar de que se derretirán los glaciares, que los huracanes serán más peligrosos, que las olas de calor nos harán sudar por encima de los límites de nuestro propio cuerpo, o que determinadas enfermedades llegarán a unos niveles hasta ahora completamente desconocidos. Por no citar, como acaba de alertar la Organización Mundial de la Salud, que está comprobado que el cambio climático ocasiona miedo, tristeza y ansiedad en las personas.

Pero, ¿cuándo empezó todo esto? Hasta ahora se suponía que este período de desmesurado crecimiento de las temperaturas y el extremismo de determinados condicionantes meteorológicos había comenzado hace aproximadamente un siglo. Sin embargo, un artículo publicado en la revista Nature retrasa la fecha hasta los entornos de 1830, coincidiendo con la Revolución Industrial. Y es que alteraciones bruscas han ocurrido cíclicamente a lo largo de la historia del planeta, pero sólo a partir de ese momento la mano del hombre influyó de manera tan decisiva.

Científicos de toda condición alertaron durante el pasado siglo de que algo grave estaba pasando, pero su aviso no fue tenido en cuenta como merecía. Al menos, hasta el comienzo de la década de los noventa. Fue el 9 de mayo de 1992 cuando se adoptó en Nueva York la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un acuerdo que oficialmente entró en vigor el 21 de marzo de 1994. Desde aquel momento hasta el presente han pasado 25 años, de ahí el número 25 que acompaña al acrónimo COP que se celebra durante estos días en Madrid.

En realidad, la celebración de esta cita mundial con el cambio climático estaba prevista en Brasil, pero justo hace un año, el nuevo presidente del país sudamericano, Jair Bolsonaro, anunció que Brasil no podía hacer frente a su organización por, eso dijo, limitaciones económicas. Su relevo lo cogió Chile que, en diciembre del año pasado durante la celebración de la COP24 en Polonia, anunció que su país acogería la siguiente reunión. Sin embargo, el clima de inseguridad y protestas que se vive en la nación andina desaconsejaban la organización de la cita. La apresurada búsqueda de un lugar en el que los máximos expertos del mundo hablaran de cambio climático tuvo una rápida respuesta en el Gobierno de España que, en tiempo récord, se hizo cargo del programa de actividades que ahora mismo se están desarrollando.

La COP25 se está celebrando con el gran objetivo de lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera y limitarlo muy por debajo de los 2 grados. De esta manera, la convención servirá como mecanismo para que los países asistentes terminen de cerrar el reglamento de desarrollo del Acuerdo de París, concebido como el primer pacto mundial vinculante en defensa del clima del planeta, que tiene que estar plenamente vigente en enero de 2020.

Banco Santander es uno de los patrocinadores oficiales de la COP25. Como parte de su estrategia de banca responsable, Santander realiza una firme apuesta de impulso de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), definidos por la ONU. Banco Santander apoya el desarrollo continuo de las energías renovables y acompaña a sus clientes en la transición hacia una economía con bajas emisiones de CO2 a través de soluciones financieras implementadas para cada caso concreto.

El compromiso de la entidad se materializa en metas concretas, entre las que destaca su apuesta por financiar o facilitar la movilización de 120.000 millones de euros entre 2019 y 2025 y 220.000 millones hasta 2030 para combatir el cambio climático. Además, para el 2021 el objetivo es eliminar el uso de plástico innecesario de un solo uso en todas sus oficinas y edificios y que en el 2025, el 100% de la energía que allí se utilice provenga de fuentes renovables.

Esos son los objetivos, pero Santander ya puede hablar de logros alcanzados en materia de sostenibilidad. Por ejemplo, el Banco ha desarrollado más de 250 iniciativas con una inversión de 69,8 millones de euros, centrándose fundamentalmente en el ahorro de energía y de materias primas, en la reducción de residuos y emisiones y en la sensibilización de empleados. Además, en un año ha conseguido reducir un 38% el uso de envases de plástico y un 61% el uso del papel, se han retirado también las tazas de plástico para café y se han sustituido las botellas de plástico de las salas de reuniones por otras de vidrio. Cualquier medida, por pequeña que sea es útil para aliviar cualquier problema, por enorme que parezca. Como es el caso.