Última actualización: 28/04/2023

Aprender, razonar o resolver problemas son algunas características propias del ser humano. Hoy, a través de la inteligencia artificial, existen aplicaciones informáticas capaces de realizar tareas de este tipo. La rápida penetración de esta tecnología trae consigo una serie de oportunidades en distintas áreas. En el sector bancario se puede utilizar para mejorar la atención al cliente, optimizar los procesos de aprobación de créditos o prevenir la morosidad, entre otras aplicaciones. De la misma manera, conviene tener identificados los numerosos retos de la inteligencia artificial.

Hace algunos años la inteligencia artificial (IA) podría parecer muy futurista. Pero en la actualidad es común encontrar herramientas y aplicaciones basadas en algoritmos de la IA  en diferentes campos del día a día y con distintos fines: como generador de contenidos (conocida como IA generativa y desarrollada en programas como Chat GPT, de Microsoft, o Bard, de Google); ordenadores que juegan ajedrez y que son capaces de vencer a humanos; asistentes personales digitales, navegadores que indican la mejor ruta y miles de ejemplos más.

A grandes rasgos, la inteligencia artificial se refiere al desarrollo de sistemas capaces de aprender, planear o resolver problemas de una forma similar a como lo hacen los humanos. Para que un dispositivo electrónico o software tenga inteligencia artificial necesita de datos y algoritmos capaces de tomar decisiones. Los primeros los puede recibir a través de internet, aplicaciones de big data o conectándose directamente con otros dispositivos para intercambiar información. Los segundos, en cambio, son una serie de instrucciones con las que han sido programados para que creen conductas o patrones según los diferentes datos que reciben.

El crecimiento de la inteligencia artificial está impulsado principalmente de tecnologías disruptivas como el machine learning, deep learning, big data o la computación cuántica. Lo que diferencia a la IA de un programa informático común es que puede mejorar sus propios procesos de forma autónoma. Es decir, aprende de las tareas realizadas en el pasado sin la necesidad de la intervención humana. A esta característica se le conoce como aprendizaje automático o machine learning, en inglés. 

Imagina que tienes un robot aspirador. Está programado para que diariamente recorra todas las estancias de tu casa guiándose a través de un mapa que hizo y guardó con su sistema integrado de navegación el primer día (tareas pasadas). Sin embargo, decides cambiar algunos muebles de sitio. Entonces, el robot empieza a tropezar con ellos y activa automáticamente su navegador para actualizar el mapa (toma una decisión según la información que recibe). Así, la próxima vez ya no tropezará porque fue capaz de diseñar una nueva ruta.

Jens Hansen, director general de datos e inteligencia artificial de Microsoft para EMEA, habla sobre inteligencia artificial y sus aplicaciones.
Jens Hansen, director general de datos e inteligencia artificial de Microsoft para EMEA, habla sobre inteligencia artificial y sus aplicaciones.

Los retos de la inteligencia artificial

Desplegable

La IA transforma nuestras sociedades y empuja los límites de lo humano. Para que la tecnología esté al servicio de las personas, y no al revés, es fundamental promover un uso correcto de la IA que tenga en cuenta temas fundamentales como la privacidad, la atribución de responsabilidad de las acciones de la IA, los sesgos o prejuicios en el diseño de los algoritmos, y el tratamiento correcto y respetuoso de los datos. Para conseguir sistemas de inteligencia artificial que sean responsables y sostenibles es clave definir marcos regulatorios que fomenten el desarrollo de tecnologías inteligentes que respeten principios éticos y que presten atención a grupos vulnerables, como menores de edad o personas con discapacidades.

Usos de la inteligencia artificial en la banca

Diferentes sectores aprovechan las ventajas de la IA para desarrollar una nueva generación de productos y servicios más personalizados y adaptados a las necesidades de las personas y las empresas. En el caso del sector bancario, algunas de las aplicaciones para las que se usa la IA son: 

Los asistentes virtuales, también conocidos como chatbots (software para chatear), están diseñados para resolver dudas cotidianas, brindar información o dar instrucciones para realizar una operación. Con esta opción, la banca garantiza a sus clientes un canal de atención en cualquier momento y lugar. Así agiliza la resolución de consultas frecuentes como los horarios de las oficinas, la ubicación de cajeros o cómo activar y desactivar tarjetas de crédito.

A través de la IA se pueden identificar algunos hábitos de consumo de los usuarios y, ante cualquier anomalía o transacción sospechosa, es posible tomar medidas automáticamente. Por ejemplo, si vives en una ciudad y tu tarjeta bancaria registra actividad en otra, es posible cruzar datos de los sistemas de geolocalización de tu teléfono móvil para comprobar tu ubicación, notificarte la operación y solicitar tu verificación. Así, se previenen delitos como la suplantación de identidad con las tarjetas. También es útil para identificar actividades fraudulentas como el blanqueo de capitales, al analizar y contrastar diferentes fuentes de información.

A través de notificaciones en las aplicaciones de banca digital es posible avisar a los clientes de transacciones que estén a punto de realizarse, como el cobro de un recibo en un par de días o del seguro del coche dentro de unas semanas. La IA es capaz de analizar los patrones de gastos y advertir al usuario de que se podría quedar sin dinero para hacer dichos pagos. De esta forma, se ofrece un tratamiento personalizado, se promueve una mejor gestión financiera y se reduce el riesgo de quedarse sin liquidez para hacer frente a las obligaciones futuras.

Con el uso de datos como la edad, ingresos, gastos, saldo promedio o nivel de deuda, entre otros, existen programas de IA que sirven para automatizar la toma de decisiones a la hora de otorgar, o no, productos bancarios como los créditos o cualquier otra operación de riesgo. Este proceso permite reducir tiempo y recursos, así como ofrecer préstamos más seguros para ambas partes.

Con la cantidad y variedad de dispositivos capaces de conectarse a internet, el denominado “banco de las cosas” es una infraestructura capaz de aprovechar la información que recibe para ofrecer servicios o tomar algunas decisiones financieras. Por ejemplo, un frigorífico inteligente puede detectar que no hay leche o que está a punto de acabarse y encargarse automáticamente de hacer el pedido en una tienda online. Para ello, este electrodoméstico debe tener un monedero electrónico integrado o una tarjeta bancaria asociada.

En definitiva, la inteligencia artificial contribuye a una mayor protección de los clientes, el mejoramiento de los servicios y productos bancarios, así como a la eficiencia en las operaciones, entre otros aspectos. Las aplicaciones de la IA son numerosas y su protagonismo en el sector tecnológico acelerará la transformación digital de las empresas.  Puede que ahora, tras conocer mejor de qué se trata la IA, ya no pienses en robots futuristas, sino en los dispositivos o herramientas que utilizas y que, sin darte cuenta, te ayudan a resolver tareas del día a día.

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