Europa tiene el ahorro. Ahora necesita los incentivos adecuados

"El reto ya no consiste en animar a los europeos a ahorrar más, sino en ayudarles a invertir mejor"

José Antonio Álvarez, Vicepresidente del consejo de administración del Banco Santander

Una célebre cita, atribuida a menudo a Albert Einstein, describe el interés compuesto como «la octava maravilla del mundo». La pronunciara o no, el principio sigue siendo válido. El tiempo es el principal motor de la creación de riqueza a largo plazo. Sin embargo, Europa sigue sin aprovechar plenamente uno de sus mayores activos: el ahorro de sus ciudadanos.

Europa no sufre una escasez de ahorro, sino una escasez de inversión a largo plazo. Se enfrenta a unas necesidades de inversión sin precedentes para afrontar la transición verde, la digitalización, la defensa y la autonomía estratégica. Al mismo tiempo, los hogares europeos ya ahorran cantidades considerables. El reto no consiste en generar más ahorro, sino en conseguir que una mayor proporción se canalice hacia inversiones productivas a largo plazo. Los sistemas de pensiones complementarias deberían considerarse no solo una política de jubilación, sino también una política de inversión.

Unos mejores sistemas de pensiones permiten mejorar la suficiencia de los ingresos durante la jubilación y, al mismo tiempo, proporcionar el capital paciente necesario para financiar la innovación, las infraestructuras y el crecimiento futuro de Europa. Los activos de los sistemas de pensiones representan alrededor del 32 % del PIB de la UE, frente al 142 % en Estados Unidos y el 100 % en Reino Unido. Más revelador aún es que el 62 % de los activos de pensiones privadas de la UE se concentra en tan solo tres Estados miembros: Países Bajos, Dinamarca y Suecia.

Aunque representan solo una pequeña parte de la población de la UE, estos países han desarrollado sistemas de pensiones complementarias muy exitosos. La lección es clara: el reto no es europeo; es, ante todo, nacional. En lugar de inventar nuevos modelos, Europa debería replicar aquello que ya funciona. El ahorro para la jubilación es especialmente adecuado para financiar activos a largo plazo, porque su horizonte de inversión se mide en décadas, no en meses. Los pasivos a largo plazo encajan de manera natural con los activos a largo plazo, mientras que las necesidades futuras de inversión de Europa se concentran cada vez más en infraestructuras, innovación, energía y defensa. Estas inversiones necesitan capital paciente.

Para impulsarlas se requieren los incentivos adecuados. La economía del comportamiento demuestra que las personas tienden a posponer decisiones, evitar la complejidad y aplazar aquellas elecciones cuyos beneficios se materializan años después. Europa suele centrar sus esfuerzos en diseñar mejores productos financieros, pero el modo en que se estructuran las decisiones a las que se enfrentan los ciudadanos puede ser incluso más importante.

Los sistemas de adhesión automática demuestran que es posible aumentar significativamente la participación sin restringir la libertad de elección. Unos incentivos fiscales estables son igualmente importantes. El ahorro a largo plazo para la jubilación beneficia al conjunto de la sociedad, ya que reduce las futuras presiones fiscales y, al mismo tiempo, amplía el volumen de capital a largo plazo disponible para inversiones productivas. Las empresas también desempeñan un papel fundamental. Ampliar los sistemas de pensiones de empleo debería seguir siendo una prioridad europea.

La educación financiera es otro elemento esencial. Mejorar las capacidades financieras no consiste simplemente en enseñar conceptos financieros, sino en ayudar a los ciudadanos a tomar mejores decisiones a largo plazo. Hacer más visibles los resultados futuros de la jubilación ayudaría a transformar un reto abstracto en una decisión financiera concreta. El estudio global de Santander, «The Currency of Learning», basado en casi 20.000 entrevistas realizadas en diez países, reveló una llamativa brecha entre la confianza y los conocimientos. La mayoría de los encuestados se consideraba financieramente bien informada, pero solo una minoría respondió correctamente a preguntas básicas sobre inflación, diversificación e interés compuesto. Los economistas del comportamiento reconocerían aquí el efecto Dunning-Kruger: quienes sobreestiman sus conocimientos financieros suelen ser precisamente quienes menos probabilidades tienen de buscar información o asesoramiento profesional. Mejorar la educación financiera debería ayudar a los ciudadanos a reconocer los límites de sus conocimientos y a tomar mejores decisiones financieras a largo plazo.

Es aquí donde los bancos desempeñan un papel especialmente importante. Ya mantienen relaciones de confianza con millones de hogares europeos y se encuentran en una posición privilegiada para combinar educación financiera, asesoramiento personalizado y acceso a productos de ahorro a largo plazo. Junto con unos incentivos fiscales adecuados y unos productos más sencillos, esta red de distribución basada en la confianza puede convertirse en uno de los principales motores de la Unión de Ahorros e Inversiones de Europa.

En este contexto, son bienvenidas las propuestas de la Comisión para desarrollar el sector de las pensiones complementarias. Un Producto Paneuropeo de Pensiones Individuales más sencillo y atractivo, junto con la adhesión automática, los sistemas de seguimiento de las pensiones y los cuadros de información sobre pensiones, pueden contribuir a crear un verdadero mercado europeo de pensiones complementarias. Sin embargo, ningún producto paneuropeo tendrá éxito por sí solo. Su éxito a largo plazo dependerá de reformas nacionales complementarias, especialmente de incentivos fiscales, de unos sistemas de pensiones de empleo más sólidos y de políticas basadas en la economía del comportamiento que conviertan el ahorro a largo plazo en la opción más fácil y natural.

Europa ya posee uno de sus mayores activos estratégicos: el ahorro de sus ciudadanos. El reto ya no consiste en animar a los europeos a ahorrar más, sino en ayudarles a ahorrar e invertir mejor. Si Europa crea los incentivos, las instituciones y la confianza adecuados, el propio tiempo se convertirá en uno de sus mayores aliados. El poder de la rentabilidad compuesta ha transformado los sistemas de jubilación en otros lugares. No hay ninguna razón para que no pueda hacer lo mismo en Europa.