Las cadenas de suministro y distribución han entrado en una etapa de redefinición por los cambios en las políticas comerciales globales, generando tensiones y retando a la resiliencia de las empresas. En este contexto, México mantiene una posición privilegiada por su relación con Estados Unidos y por las oportunidades que sigue ofreciendo como espacio para la manufactura y las exportaciones. Más que una ventaja coyuntural, el impulso actual de México tiene que ver con décadas de integración económica con Canadá y la Unión Americana, su apertura comercial y la evolución de su capacidad productiva.
México lleva más de tres décadas inmerso en un proceso constante de apertura comercial que, en momentos como el actual, lo posiciona como un territorio de oportunidades. No en vano, México ha construido un acceso preferencial a mercados que representan alrededor del 60% del PIB global. Hoy, las exportaciones son uno de los principales motores del país y el sector manufacturero genera más del 90% de las ventas al exterior, apoyado por una potente red de acuerdos comerciales.
Estados Unidos ocupa un lugar central para la economía mexicana. Alrededor del 80% de las exportaciones de México se dirigen a este país, que representa el mayor mercado de consumo del mundo y con el que existe una enorme correlación productiva que va más allá del mero intercambio comercial, lo que genera una relación binacional dinámica. Las cadenas de suministro de ambos países operan de manera sincronizada en sectores estratégicos como el automotriz, el electrónico, el aeroespacial, el de dispositivos médicos y hasta el agropecuario, entre otros, generando una interdependencia que fortalece la competitividad regional.
Ventajas del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá
El Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, como se le conoce en México) se ha convertido en un tema central para el futuro de la región y su posición frente al mundo, en particular Asia. Este acuerdo representa el marco que define el entorno en el que operan las inversiones, estableciendo reglas para el comercio regional e impulsando la integración de las cadenas productivas de Norteamérica. Aunque el proceso de negociación para actualizarlo se encuentra en marcha y se esperan cambios en algunos sectores, sigue vigente y previsiblemente se extenderá más allá del periodo actual de gobierno de cualquier administración política regional.
Para México, el acuerdo ha representado una palanca de progreso y exposición internacional. De entrada, fortaleció su presencia en el mercado estadounidense hasta permitirle convertirse en su principal proveedor de bienes, superando a China. Este proceso se extendió durante años, pero México logró capitalizar su cercanía geográfica, que se potenció con la pandemia del Covid, y también mostró la capacidad de la industria mexicana para responder con rapidez a los cambios en la demanda y adaptarse a un entorno comercial en constante evolución.
México ha evolucionado tanto de cara al mercado internacional como construyendo un mercado interno más fuerte e integrado. Así, frente a los desafíos para la industria automotriz por los aranceles, otros sectores vinculados con la tecnología, el equipo de cómputo y la electrónica emergen como nuevas oportunidades, tanto por la demanda a escala global, como por la forma en que se han integrado las cadenas productivas, donde México ha sabido conectarse. En el apartado interno, el país ha lanzado una ambiciosa iniciativa llamada ‘Plan México’ para revigorizar la inversión y la producción orientada al mercado local, construyendo zonas económicas regionales que buscan llevar desarrollo a territorios que quedaron al margen de los beneficios de la apertura comercial.
La combinación de oportunidades globales y su determinación de desarrollar un mercado interno más dinámico elevan la promesa de México como una economía de amplio recorrido. Si bien el país no está exento de retos en materia fiscal, de crecimiento económico o de seguridad, cuenta con una perspectiva positiva si se consideran sus fortalezas estructurales, su posición estratégica única, su diversificación internacional o su importante volumen de población joven.