Europa se adentra en una nueva etapa. La guerra en Ucrania y el cambiante panorama geopolítico han llevado a los países europeos a ampliar sustancialmente sus capacidades de defensa y seguridad. El gasto en defensa de la UE podría alcanzar los 454.000 millones de euros en 2026, el doble del nivel registrado antes del inicio de la guerra en Ucrania. Es probable que este aumento continúe, lo que podría tener consecuencias significativas para la economía.
Un mayor gasto en defensa puede favorecer el crecimiento del PIB a corto plazo al impulsar la demanda. Sin embargo, la magnitud y la persistencia de este impacto dependerán de varios factores. El primero es la forma en que se financia dicho gasto. Cuando se recurre al endeudamiento, el efecto inicial suele ser positivo, ya que aumenta la demanda en la economía; no obstante, también se incrementa el déficit presupuestario. Si este mayor gasto en defensa se vuelve permanente, parte del estímulo inicial podría terminar siendo compensado: los gobiernos podrían intentar reducir el déficit mediante subidas de impuestos o conteniendo otros gastos. Asimismo, los hogares podrían anticipar futuros aumentos impositivos y reducir su consumo. Y si unos déficits más elevados provocan un alza en los tipos de interés, esto podría acabar lastrando el consumo y la inversión privados.
“El fortalecimiento de la defensa puede impulsar el crecimiento, pero los beneficios duraderos dependen de transformar el gasto en capacidad económica”
Estos riesgos no pueden pasarse por alto. Muchos países de la UE afrontan esta nueva etapa con elevados niveles de deuda pública, tipos de interés más altos que en la década anterior y un margen fiscal limitado.
Los instrumentos europeos pueden contribuir a financiar parte de este gasto adicional. Los Estados miembros pueden aprovechar temporalmente una mayor flexibilidad en el marco de las normas fiscales de la UE, mediante la cláusula de escape nacional, mientras que el programa Security Action for Europe (SAFE) ofrece préstamos específicos para respaldar el gasto en defensa. Además, se están debatiendo otras propuestas en el marco de las negociaciones sobre el presupuesto de la UE para el periodo 2028-2034. Aun así, financiar el gasto en defensa de manera sostenible sigue siendo un desafío importante para los Estados miembros.
Un segundo factor es cómo y dónde se destina el dinero. La inversión, el equipamiento y la innovación tienden a generar efectos económicos de mayor alcance y más duraderos que el gasto corriente.
“El impacto económico final dependerá de cómo se financie y lleve a cabo este rearme”
Además, cuanto mayor sea la proporción de la demanda adicional cubierta por la producción europea, mayor será el impacto en la economía europea. Aquí es donde surge una limitación importante: la industria de defensa europea sigue fragmentada en mercados nacionales, lo que dificulta la obtención de economías de escala y refuerza la dependencia de las importaciones.
La coordinación europea podría ayudar a abordar esta cuestión. La adquisición conjunta y una compra menos fragmentada podrían aumentar la eficiencia, generar economías de escala y reducir la fuga de recursos hacia el exterior mediante importaciones. La Estrategia Industrial Europea de Defensa (EDIS, por sus siglas en inglés) y el Programa Europeo de la Industria de Defensa (EDIP, por sus siglas en inglés) constituyen pasos en esta dirección.
En general, un mayor gasto en defensa podría impulsar el crecimiento europeo a corto plazo; sin embargo, su impacto económico a largo plazo dependerá de cómo se financie y se ejecute. Serán fundamentales una financiación sostenible, una mayor capacidad productiva europea y una coordinación eficaz. De lo contrario, parte del impulso inicial podría perderse debido a un aumento de las importaciones, mientras que podrían intensificarse riesgos como las presiones inflacionistas, las preocupaciones sobre la deuda pública y la presión sobre otras prioridades presupuestarias.