Una situación geopolítica en constante cambio ofrece a América Latina la oportunidad de convertirse en un actor con mayor peso en las cadenas globales de valor y de aprovechar sus fortalezas estratégicas en recursos clave para estimular el crecimiento económico.

Marisol de Francisco Bartolomé, Latin America Economic Research Manager
Marisol de Francisco Bartolomé, Latin America Economic Research Manager

El nuevo impulso hacia un papel de mayor influencia en el comercio mundial coincide con una creciente preocupación global por la fragmentación y las vulnerabilidades en las cadenas de suministro. Estados Unidos, China, Europa e India ven cada vez más a América Latina como un socio estratégico para reducir dependencias y asegurar el acceso a recursos críticos.

La necesidad de garantizar suministros vitales, como alimentos y materias primas esenciales para la electrificación, la generación de energía y el sector de la defensa, ha centrado la atención en la riqueza de América Latina en minerales críticos y energías limpias, así como en su capacidad agroalimentaria, biodiversidad y potencial productivo.

No obstante, la región aún debe superar diversos obstáculos para aprovechar plenamente sus ventajas y aumentar su participación en actividades de mayor valor añadido en la economía global. Se han logrado avances significativos en cuestiones que históricamente frenaron el crecimiento, limitaron la inversión y restringieron la capacidad de generar bienes y servicios con mayor valor añadido. Entre estos logros destacan el control de la inflación, la gestión de la deuda pública y de los regímenes cambiarios, así como la atracción de inversión extranjera. 

Sin embargo, persisten desafíos como modernizar las infraestructuras, garantizar que la inversión vaya acompañada de innovación y transferencia tecnológica y mejorar la productividad. Asimismo, es necesaria una mayor claridad en los aspectos legales y regulatorios. 

También resulta fundamental fortalecer a los proveedores locales para que la inversión genere un mayor efecto multiplicador. Los aspectos laborales son igualmente relevantes: es preciso capacitar y ampliar la fuerza laboral, lo que incluye aumentar la participación femenina e impulsar el empleo formal. 

Se están llevando a cabo reformas para hacer a la región más resiliente tanto ante choques externos como frente a presiones internas en un entorno cada vez más volátil. Estos esfuerzos han derivado en fundamentos macroeconómicos más sólidos, situando a América Latina en una posición de partida ventajosa para su próxima etapa de crecimiento. 

La región ya cuenta con una base sólida de alianzas internacionales, entre ellas el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, uno de los diversos acuerdos con Europa que, en conjunto, abarcan a más del 90 % de la región. Por su parte, Estados Unidos e India también buscan estrechar sus vínculos con América Latina. 

Una fortaleza clave es que la base de recursos de América Latina no está concentrada en un solo país o sector. El cobre, el litio, el níquel, el grafito, el niobio y las tierras raras son esenciales para la electrificación, las baterías, las redes eléctricas, los semiconductores, la infraestructura digital y los sistemas de defensa; al mismo tiempo, la seguridad del suministro de energía y alimentos ha adquirido una importancia estratégica cada vez mayor.

El delicado equilibrio que debe lograr América Latina consiste en mantener abiertas sus opciones y evitar sustituir un conjunto de dependencias por otro. Poseer un recurso vital no garantiza el control de la cadena de valor. A menudo, los minerales salen de América Latina en forma de concentrados y regresan integrados en baterías, vehículos eléctricos, semiconductores o equipos industriales. Participar en más etapas de la cadena de valor permitiría a la región transformar sus ventajas en recursos naturales en inversión, tecnología, empleos cualificados y una fuente de crecimiento más sostenible.