La inteligencia artificial (IA) está impulsando inversiones por valor de billones de dólares, especialmente en Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de su creciente adopción, hasta la fecha existen pocas pruebas de un impacto global significativo en la productividad y los mercados laborales. A medida que la IA avanza hacia convertirse en una tecnología de propósito general con repercusiones macroeconómicas a escala mundial, persisten incertidumbres sobre su magnitud, su ritmo y su distribución geográfica.
La inteligencia artificial avanza hacia su consolidación como una tecnología de propósito general, con potencial para transformar sectores, impulsar la productividad y reconfigurar las perspectivas de crecimiento. No obstante, sus beneficios no se distribuirán de manera equitativa. La dimensión internacional de esta transformación dependerá no solo de quién desarrolle las tecnologías más avanzadas, sino también de la capacidad de cada economía para adoptarlas e integrarlas en sus procesos productivos.
“La adopción de la IA se está acelerando, especialmente entre las grandes empresas y los sectores intensivos en conocimiento; sin embargo, su difusión sigue siendo desigual entre compañías, industrias y países”
Estados Unidos y China ocupan una posición central en el desarrollo de la IA, cada uno con fortalezas distintas en cuanto a talento, investigación, inversión e infraestructura. Sin embargo, la competencia tecnológica por sí sola no determina cómo se distribuyen los beneficios económicos. Los países que no lideran el desarrollo de modelos pueden obtener ventajas considerables si logran ampliar su adopción y obtener mejoras tangibles de productividad.
La adopción por parte de las empresas se está acelerando, aunque sigue siendo desigual entre países, sectores y tamaños de empresa. Existen indicios de un mayor uso en Estados Unidos que en Europa, así como de una mayor concentración de la adopción en grandes compañías y actividades intensivas en conocimiento. Estas diferencias reflejan la composición del tejido empresarial, las capacidades organizativas y las condiciones que facilitan la integración de nuevas herramientas.
“El liderazgo en IA se está convirtiendo en una carrera estratégica: los países que dominen el talento, la investigación, la infraestructura y los modelos podrían obtener tanto beneficios económicos como influencia geopolítica”
En este contexto, el grado de preparación de cada país resulta fundamental. La infraestructura digital, el capital humano, la capacidad de innovación y el marco regulatorio condicionan la velocidad y el alcance de la adopción. La estructura económica también desempeña un papel relevante: las actividades financieras, tecnológicas y científicas, junto con otros servicios intensivos en conocimiento, presentan una mayor exposición a la IA. Por su parte, los costes laborales influyen en los incentivos para automatizar tareas o complementar el trabajo humano.
No obstante, el uso de la IA no se traduce automáticamente en una mayor productividad para el conjunto de la economía. Aunque numerosos estudios señalan mejoras en tareas específicas, resulta difícil identificar el efecto agregado. El ahorro de tiempo puede verse mermado por cuellos de botella, costes de coordinación o etapas posteriores de revisión e integración. Para transformar estas mejoras en aumentos reales de la producción, son necesarios cambios organizativos que van más allá de la simple adopción de una herramienta tecnológica.
Esta brecha entre la capacidad técnica y los resultados económicos ayuda a explicar por qué la transformación es gradual. Al igual que ocurre con otras grandes innovaciones, los aumentos de productividad pueden tardar años en materializarse.
Las estimaciones presentadas en el artículo apuntan a mayores beneficios potenciales en las economías avanzadas, aunque con diferencias significativas dentro de cada región. Algunas economías pequeñas, digitalmente avanzadas y especializadas en el sector del conocimiento podrían obtener beneficios comparables a los de los líderes tecnológicos. Por el contrario, una preparación insuficiente podría limitar los beneficios en muchas economías emergentes y de bajos ingresos.
La cuestión clave a nivel internacional no es simplemente quién liderará el ámbito de la IA, sino quién logrará extender su uso y aprovecharlo al máximo. El impacto de la IA dependerá de cómo cada país transforme su potencial tecnológico en productividad y crecimiento.