La economía chilena se recuperó rápidamente de la pandemia gracias a un impulso significativo de las políticas fiscales y monetarias. La amenaza de un sobrecalentamiento económico estuvo presente, pero un manejo institucional claro y firme facilitó un aterrizaje más suave que el previsto durante 2023.
Este empuje ha traído estabilidad en el comienzo de 2024. Se espera que la inflación alcance la meta del 3%, se reduzca el déficit de cuenta corriente y que la economía crezca en torno al 2%, cercano a su nivel tendencial.
Varios organismos internacionales y clasificadoras de riesgo han destacado la solidez institucional de Chile, en particular, la autonomía de su banco central y la elevada credibilidad que esto genera, como elementos decisivos para la estabilidad macroeconómica.