México es una de las quince mayores economías del mundo, con una población que supera los 134 millones de habitantes y un territorio extenso, bañado por dos grandes océanos, que conecta y articula todo el continente americano. En su interior, el país está compuesto por realidades económicas regionales que difieren entre sí, pero que conforman una economía potente, reflejo de su diversidad social y cultural.
México cuenta con una prometedora perspectiva de desarrollo en base a varios factores singulares. Por un lado, es el vecino de la mayor economía del mundo y se ha posicionado como un actor relevante en el nuevo escenario de comercio global. Por otra parte, cuenta con una interesante diversificación sectorial y con un potente volumen de población.
Un potencial que se completa con motores económicos distribuidos en distintas zonas geográficas. Una mirada detallada a sus diferentes regiones permite ver un país diverso, con áreas cuya vocación va desde la industria al desarrollo tecnológico, del sector agropecuario a los servicios o el turismo. Una economía compuesta por diversas actividades, desagregadas por geografías especializadas, más que un único sector dominante a nivel estatal.
Norte industrial, sur turístico
En el norte, con entidades como Nuevo León, encontramos el México marcadamente industrial, con una conexión hacia el mercado estadounidense. Se trata de una zona con empuje y desarrollo que convive con amplias regiones dedicadas a la agricultura y ganadería. En el otro extremo, en el sur y sureste, liderado por Quintana Roo, el país es una potencia turística que también incluye zonas de producción petrolera y actividades pecuarias, pero donde el desarrollo todavía tiene retos.
En el oeste, donde Jalisco aparece como la entidad de mayor empuje, emerge otro México volcado a actividades mixtas pero que están orientándose hacia la industria electrónica. El centro del país con la Ciudad de México y el corredor del Bajío con Querétaro, la nación muestra una economía vigorosa que recorre los servicios financieros, la industria especializada como la aeronáutica o automotriz, el sector agro o incluso el turismo, también con prometedores índices de desarrollo.
Nuevos polos de desarrollo
México también cuenta con retos a afrontar, como equilibrar el desarrollo en esas regiones tradicionales con el avance en otras localizaciones. Hasta el 2030, el país busca consolidar 13 polos de desarrollo con renovadas actividades productivas, que llevarán semiconductores al noroeste, movilidad eléctrica al norte, más manufactura al centro, logística y petroquímica al este, electrónica y metalmecánica al sur, y comercio internacional y energía al sureste.
El objetivo pasa por crear nodos industriales que den nuevo sentido a las actividades productivas y generen un desarrollo más equilibrado entre las diversas zonas del país. Aquí aparecen nombres de regiones que irrumpen en el mapa actual: Hermosillo, Durango, Zapotlán, Altamira, Huamantla o Chetumal, entre otras.
Con todo, el reto no solo está en ordenar este nuevo empuje productivo regional de México, sino en proveer la infraestructura, energía, financiamiento, logística y mano de obra capacitada para responder a un país que busca construir su nueva plataforma productiva y de competencia frente al mundo.