La Unión Bancaria Europea, junto con unos mercados de capitales más profundos, constituye una palanca clave para movilizar el ahorro, alcanzar una mayor escala, reducir los costes de financiación y acortar la brecha de inversión en la UE. En última instancia, sería un motor de competitividad y crecimiento.
La unión bancaria se creó inicialmente para reforzar la credibilidad de la supervisión y establecer mecanismos comunes para gestionar crisis bancarias sin que ello supusiera una carga para los contribuyentes. Se han logrado avances en la supervisión común y en los mecanismos de resolución, mientras que unas posiciones de capital y liquidez más sólidas han hecho que el sistema bancario de la zona euro sea más resiliente de lo que era antes de 2012.
Sin embargo, la cuestión a la que se enfrentan ahora los bancos y los responsables de la política económica es si Europa cuenta con una arquitectura financiera capaz de transformar sus ahorros en inversión productiva y, en última instancia, de fomentar la competitividad y el crecimiento.
“La Unión Bancaria debe dejar de ser una arquitectura defensiva nacida de la crisis para convertirse en una infraestructura al servicio del crecimiento”
La Comisión Europea (CE) trabaja para resolver esta cuestión en el marco de la Unión de Ahorro e Inversión. Esta iniciativa tiene como objetivo conectar el ahorro de los ciudadanos con la inversión productiva, ampliar las fuentes de financiación para las empresas y reducir la fragmentación dentro del mercado financiero único.
Se han identificado tres limitaciones interconectadas: una persistente fragmentación a escala nacional, una aplicación de normas internacionales que no siempre refleja las características específicas del sistema bancario de la UE y una complejidad regulatoria excesiva.
La unión bancaria ha fortalecido a las entidades financieras, pero aún no ha dado lugar a bancos verdaderamente paneuropeos. Según datos de la Comisión Europea, el 56 % de la exposición de los bancos de la UE se concentra en su país de origen. La exposición transfronteriza se reparte de forma casi equitativa entre otros países de la UE (21 %) y mercados extracomunitarios (22 %), lo que sugiere que expandirse dentro de la UE puede resultar tan difícil como crecer fuera del bloque.
“Completar la Unión Bancaria no es una mera cuestión de reforma técnica: constituye una agenda para el crecimiento, la competitividad y la autonomía estratégica”
La fragmentación también se manifiesta en las operaciones corporativas; los servicios bancarios transfronterizos siguen siendo marginales. El sesgo hacia el mercado nacional reduce la competencia efectiva y limita la conexión entre los proyectos más productivos y las fuentes de financiación más adecuadas.
Entre los obstáculos que afrontan los bancos con presencia paneuropea figuran el ring-fencing de determinadas actividades, la ausencia de un sistema europeo de garantía de depósitos y la falta de una normativa común.
Según estudios del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, una mayor integración bancaria podría impulsar el PIB de la UE entre un 1,6 % y un 3 %.
Dado que Europa necesita aproximadamente 6 billones de euros de inversión adicional en los próximos cinco años para financiar sus objetivos en los ámbitos ecológico, digital y de defensa, la presión sobre los bancos para que contribuyan a este fin será considerable.
La integración financiera total podría representar casi el 40 % de esa cifra acumulada en términos de capacidad económica anual adicional. El componente bancario, por sí solo, abarcaría algo más de una cuarta parte. Incluso en el escenario más conservador, que contempla un aumento del 1,6 % del PIB, se cubriría aproximadamente una quinta parte.
Europa debe avanzar con determinación en una dirección clara: menor fragmentación interna, mayor movilidad de recursos dentro de los grupos bancarios, un sistema común de garantía de depósitos y una menor complejidad regulatoria. Asimismo, debe existir un vínculo explícito entre la estabilidad financiera, la competitividad y la financiación de la economía real.