Hoy en día es posible verificar nuestra identidad a través de una selfie, de nuestra voz o poniendo el dedo en el lector de huellas de nuestro teléfono móvil. Utilizar aquellos rasgos que nos hacen únicos es una forma sencilla y segura de acceder a los servicios bancarios a través de Internet. 

Los seres humanos tenemos características físicas que nos hacen únicos y que sirven para diferenciarnos. Hablamos de rasgos irrepetibles como la cara, la huella dactilar o la voz, entre otros. Este tipo de valores se llaman datos biométricos y cada vez cobran más protagonismo cuando hablamos de seguridad en la banca digital.

Así como podemos identificar a nuestros familiares y conocidos tan solo con verlos o escucharlos, la tecnología ha logrado que dispositivos como los teléfonos móviles, ordenadores, tablets o videoporteros tengan esa misma capacidad de reconocimiento. De ese modo se protege la información privada o las instalaciones físicas y virtuales del acceso de terceros.

Como hemos dicho, la biometría utiliza aquellos rasgos únicos e intransferibles del ser humano, por lo que la autenticación de los sistemas de seguridad consiste en crear y guardar un modelo o mapa de datos que represente exclusivamente al usuario y que sirve para cotejarlo en el momento en que solicite el acceso, tanto en un espacio físico como virtual.

Desde la antigüedad, la seguridad ha sido una de las grandes preocupaciones de la sociedad. En el blog de Openbank puedes encontrar un contenido donde repasan cómo han evolucionado los identificadores biométricos a lo largo de la historia.

Ejemplos de autenticación biométrica en la banca digital

En el sector bancario, la utilización de estos sistemas de autenticación biométrica supone un avance en la protección de los datos de los usuarios, reemplazando o reforzando, por ejemplo, a las tradicionales contraseñas alfanuméricas. También sirven como un método fiable, rápido y cómodo de verificación en el momento de utilizar o contratar productos y servicios. A continuación, te contamos algunos ejemplos:

  • Huella dactilar. Es, sin duda, el método biométrico más conocido y tradicional. Se trata de las marcas que tenemos en las yemas de nuestros dedos y que conforman un patrón único que sirve para identificarnos. Actualmente, la mayoría de los smartphones tienen incorporado un lector de huella, por lo que es posible realizar operaciones cotidianas como activar el teléfono móvil para pagar o acceder a la banca digital.

  • Reconocimiento facial. Funciona igual que nuestros ojos cuando identifican a una persona en particular: a través de los rasgos de la cara. Utilizando la cámara del dispositivo (teléfono móvil, ordenador o tableta, entre otros) se captura la imagen y se crea un patrón matemático para asociarlo a una identidad, teniendo en cuenta aspectos como la distancia entre los ojos, la posición de la nariz, el tamaño de la frente…
    En la banca digital, por ejemplo, es posible abrir una cuenta bancaria a través del smartphone, usando la cámara para enviar una fotografía nuestra y el documento de identidad con el fin de comparar ambas imágenes y verificar los datos.

  • Reconocimiento de voz. Este método de verificación biométrica funciona igual que el dactilar o facial. La diferencia es que los datos que se tienen en cuenta para comprobar la identidad son los relacionados con la voz, como la frecuencia, velocidad, cadencia y otras características. En el sector bancario hay ejemplos de su aplicación en los servicios telefónicos de atención al cliente, en los que las personas pueden demostrar su identidad para acceder a información sobre sus productos o en el caso de usuarios que no puedan desplazarse hasta la sucursal bancaria para realizar operaciones puntuales.

Ventajas de la autenticación biométrica

Son varias las ventajas que aporta la identificación biométrica en el sector de la banca digital. Sin duda, la comodidad y sencillez a la hora de utilizarla es una de ellas. Tanto si se trata de colocar nuestros dedos en un lector, tomarnos una fotografía o simplemente hablar a través del teléfono, todas son acciones que no implican una dificultad mayor, como sí podría suceder con las contraseñas o códigos, que son necesarios recordar.

Al no existir huellas, caras o voces idénticas, la seguridad de este tipo de identificación es mayor. También es un método que reduce considerablemente las posibilidades de sufrir delitos como como el phishing, una práctica fraudulenta con la que los ciberdelincuentes buscan acceder a nuestros datos personales a través del envío de correos electrónicos.

Por último, una de las ventajas de la seguridad biométrica es su continua innovación, pues a medida que la tecnología avanza, también lo hacen los métodos de autenticación. Por ejemplo, uno de los pasos más recientes en esa dirección es la biometría del comportamiento, que tiene en cuenta una combinación de factores para identificar la legitimidad de las operaciones de los clientes bancarios, como la forma en la que escriben en el teclado, las ubicaciones frecuentes desde donde realizan las operaciones o sus hábitos de compra.

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