Alegría, tristeza, impulsividad… Las emociones están presentes en nuestro día a día e influyen tanto en nuestros actos como en nuestras percepciones, mermando nuestra capacidad de análisis. Así intervienen sesgos cognitivos como el efecto dotación y reflejo, haciendo que nuestro cerebro tome atajos de forma automática que nos impiden decidir racionalmente.

Al vender un coche, comprar una casa, invertir dinero o tener un negocio, seguramente nos hemos encontrado - sin darnos cuenta - con el efecto dotación y el efecto reflejo. Ambos sesgos están estrechamente relacionados entre sí e impiden interpretar correctamente la información que recibimos en esos momentos, poniendo en peligro una correcta gestión de nuestras finanzas

¿Qué es el efecto dotación?

Este sesgo consiste en aumentar inconscientemente el valor de los bienes que poseemos solo por el hecho de que nos pertenecen. Esto provoca, en muchos casos, que le demos más valía a nuestros objetos personales que a otros que son iguales o similares, pero que no están en nuestro poder.

El efecto dotación se suele dar, principalmente, en situaciones de compra y venta, cuando el vendedor establece un precio por encima del real, mientras que el comprador le resta valor por el hecho de no poseerlo. Es decir, si tuviéramos que valorar nuestra casa, seguramente le atribuiríamos un importe más elevado que a las demás del vecindario, sin importar que los inmuebles estuvieran en condiciones parecidas.

Esto pasa también con el resto de nuestras pertenencias: desde un teléfono móvil hasta el coche que hemos tenido durante varios años y que nos recuerda a viajes y momentos especiales. Si decidimos venderlo, traspasaremos ese valor emocional al precio de venta, dificultando que un comprador se interese o esté dispuesto a pagar la cantidad solicitada. Mientras tanto, el coche continuará devaluándose por el paso del tiempo. Por ello, en el momento de hacer una negociación, el efecto dotación puede jugar en nuestra contra.

Otro caso común es el de las personas que invierten parte de su capital en acciones de empresas cotizadas en bolsa; cuando el precio empieza a bajar, son incapaces de vender a tiempo porque consideran que sus acciones tienen un valor determinado y confían en que vuelvan a recuperarlo.

Si quieres conocer más acerca de los tipos de inversión que existen, puedes hacerlo en este artículo de Tu Futuro Próximo, el blog de Santander Consumer España. 

¿Qué es el efecto reflejo?

Podemos decir que es la continuación del efecto dotación por lo que, para explicar este comportamiento económico, acudiremos nuevamente al caso de las personas que invierten en bolsa: tras la incapacidad de estos de vender las acciones a tiempo, cuando el precio empieza a bajar (por el efecto dotación) y después de ser conscientes de las pérdidas ocasionadas por dicha decisión, los inversores empezarán a asumir mayores riesgos financieros para tratar de recuperar lo perdido. Esa conducta es conocida como el efecto reflejo y tiene su explicación en la economía conductual.

El psicólogo Daniel Kahneman, ganador del premio Nobel de Economía en 2002 por sus aportes en el estudio de la toma de decisiones, y su compañero Amos Tversky llegaron a la conclusión, tras una serie de experimentos, de que la pérdida afecta al ser humano 2,5 veces más que la ganancia. Es decir, sentimos más del doble de tristeza cuando perdemos que de alegría cuando ganamos. A este fenómeno lo denominaron “aversión” o “miedo a la pérdida” y es uno de los motivos por los que nos vemos empujados a no aceptar la derrota y a tratar de recuperar lo perdido a través del efecto reflejo, asumiendo niveles de riesgo que no aceptaríamos en condiciones normales simplemente para obtener ganancias.

Si quieres conocer más acerca de la aversión a la pérdida asociada a las finanzas conductuales, puedes hacerlo en este artículo de Finanzas para Mortales

Adventurous people.

¿Cómo evitar estos sesgos cognitivos?

Como hemos visto, las emociones tienen una fuerte influencia a la hora de evaluar objetivamente el valor económico de las pertenencias o los riesgos financieros que somos capaces de asumir. Así, debido a la rapidez con la que se crean lazos sentimentales hacia los objetos, resulta fácil que el efecto dotación y el efecto reflejo afecten a nuestra salud financiera

Para evitar que esto suceda, es importante:

  • Aceptar que los sesgos existen. El primer paso para tratar de estar a salvo de estos sesgos cognitivos es conocerlos y admitir que todos podemos caer en ellos sin darnos cuenta. Al ser conscientes, será más fácil tomar medidas para contrarrestarlos.
  • Consultar a un profesional. Tanto si se trata de un coche, una casa, una bicicleta u otra propiedad que queramos negociar, es recomendable pedir la opinión independiente de un experto en el sector (perito o asesor) para conocer el valor objetivo del mercado. También se pueden utilizar herramientas que ofrecen distintas páginas web especializadas en compraventa para estimar el precio o consultar otros artículos similares al que nos interesa para tener una idea aproximada.
  • Actuar a tiempo. La impulsividad puede dañar gravemente nuestra salud financiera por lo que se recomienda ser paciente y, por ejemplo, no vender cuando el valor de una inversión está subiendo, pero sí hacerlo rápidamente cuando empieza a bajar. 
  • Mantener la calma. Para tomar las decisiones de compra y venta en momentos de dificultad, es necesario controlar las emociones. Estar informado sobre la actualidad del mercado que nos interesa ayudará a evaluar mejor los riesgos y beneficios potenciales.

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